Ascega Hoy

A vueltas con el SMI

En medio de las negociaciones sobre la subida del salario mínimo conviene recordar aquello de que las políticas jamás deben valorarse por sus propósitos, sino por sus resultados. El año pasado el Banco de España calculaba que la subida del salario mínimo en 2019 hasta los 900 euros pudo destruir hasta 173.500 empleos ese mismo año. Sin embargo, en esta huida hacia adelante que es la intervención de la economía, la realidad y el dato parecen no importar, pues el relato es que hay que subir el salario mínimo sea cuales sean las consecuencias.

Echando la vista atrás, se puede observar que entre el año 2018 y 2022, el salario mínimo en España aumentó un 35,9% desde los 735,90 euros mensuales a los 1.000 euros actuales, el mayor incremento entre los países europeos más desarrollados. Actualmente se debate una nueva subida sobre la cual todavía no existe acuerdo: por un lado, el Ministerio de Trabajo ha planteado que el SMI debe incrementarse hasta alcanzar un rango entre 1.046 y 1.082 euros y, por otro lado, los sindicatos piden que se sitúe en 1.100 euros. Mientras tanto, la patronal propone subirlo a 1.040 euros. Pareciera que se trata de un mercadillo donde se disputa el precio de unos calcetines, pero lo cierto es que no estamos hablando de un mercadillo, sino del mercado laboral español y, lejos de ser unos calcetines, se trata el salario por debajo del cual estaría prohibido trabajar.

Un problema que esta medida comparte con cualquier intervención gubernamental en materia económica es la visión en túnel que se genera y la falsa ilusión de aparente sencillez. Los fenómenos económicos son multicausales y dependen de un sinfín de variables que se encuentran en permanente cambio, por lo tanto, analizarlos desde un solo ángulo no ofrecería jamás una fotografía completa. De hecho, aunque se propusiese estudiar con detalle todos los posibles efectos de la medida, nunca se alcanzarían a conocer con exactitud debido precisamente a esa complejidad inherente a los entornos dinámicos y espontáneos.

En efecto, podríamos decir que la subida del salario mínimo es una buena noticia para aquellas personas que ya están empleadas y cobran ese salario, pero ya no lo es tanto para aquellas personas desempleadas que no tienen experiencia y/o que optan a puestos de trabajo menos cualificados y que ahora tendrán más dificultades para acceder al mercado laboral. En cierta medida, teniendo en cuenta los efectos de la inflación, cabría plantearse hasta qué punto el poder adquisitivo de quienes perciben el salario mínimo no continúa siendo inferior a pesar de la subida que se pretende aprobar, pero eso sería restarle puntos de popularidad, con lo cual no se trasladará esa posibilidad a la población.

Como no podía ser de otra forma, pues para el Estado son el saco sin fondo, dentro del grupo de afectados por la medida también se encuentran las pequeñas y medianas empresas que, además de sufrir de primera mano la crisis de suministros, se están enfrentando a continuos incrementos de los costes laborales. Basta recordar que un salario de 1.000 euros mensuales le cuesta al empleador aproximadamente 1.900 euros para hacerse una ligera idea.

Al hilo de lo anterior, conviene señalar que la Confederación Española de la Pequeña y Mediana Empresa (CEPYME) en su informe sobre la repercusión de la subida del SMI en la pyme española, ha concluido que el aumento del salario mínimo ha hecho que 71.600 trabajadores hayan perdido su empleo y ha evitado que otras 145.900 personas encontraran uno, o lo que es lo mismo: ha provocado la desaparición de 217.500 puestos de trabajo.

Pero no todo es negativo, ya que tampoco debemos olvidar que el incremento del salario mínimo también tiene una doble cara: suben las cotizaciones. Esta medida supone un aumento de las bases mínimas de cotización que pasarían de los 1.166,70 euros a 1.265,80 euros y, si a esta subida le añadimos el tipo de cotización que para el próximo año pasará del 28,3% al 28,9%, las cotizaciones sociales de aquellos que cobran el SMI aumentarían unos 344 euros. Hoy se juega el Gordo, pero ya sabemos a quien le ha tocado.

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