Ascega Hoy

Fondos europeos: lo que pudo ser y no está siendo

Todavía tengo en mi mente la imagen de Pedro Sánchez recibido entre aplausos por sus ministros tras las negociaciones alcanzadas en Bruselas por las que España obtendría 140.000 millones de euros procedentes de la Unión Europea. Sin embargo, ese afán por dejar forjado en el ideario colectivo tal hito como una hazaña propia de un héroe de guerra se desvanece cuando, dos años más tarde, toca hablar de la gestión de dichos fondos europeos. Ahí ya no hay baño de masas ni personalismos, sino dimisiones y nuevos nombramientos.

Hace unas semanas conocíamos que la alta funcionaria encargada de supervisar la ejecución del Plan de Recuperación, Rocío Frutos Ibor, abandonaba su puesto por discrepancias con el Gobierno. Lo anterior es sospechoso si tenemos en cuenta que en noviembre debe entregarse la justificación de los datos que avalarían el tercer pago programado para diciembre de 6.000 millones de euros y que, tras la visita de los técnicos de la Comisión Europea que vino a Madrid, no han parado de sucederse los rumores sobre la incertidumbre y la falta de transparencia en la gestión.

Dicen que cuando el río suena es porque agua trae, y no en vano la presidenta de la Comisión de Control Presupuestario de la Unión Europea, Mónica Hohlmeier, a propósito de los 11.500 millones de euros recibidos por España, afirmaba el pasado 25 de octubre que desconoce qué se ha hecho con ese dinero. La causa de dicha falta de información proviene del hito 173 del Plan de Recuperación y Resiliencia consistente en la implementación de un sistema de control específico Coffee que, a pesar de que actualmente ya se encuentre en funcionamiento, todavía no se dispone de “datos sobre los beneficiarios, contratistas, subcontratistas y beneficiarios finales que se habían almacenado en el sistema”.

Aunque el ejecutivo se desviva por hacer creer al ciudadano que la asignación de los fondos está yendo a velocidad de crucero, podemos decir que esta farsa ha comenzado a tambalearse y a hacerse evidente de forma oficial desde el pasado viernes. Con motivo de la XXXIII Cumbre Hispano-Portuguesa celebrada en Viana do Castelo, Pedro Sánchez junto a Antonio Costa, admitían que era necesario flexibilizar el calendario para la ejecución de las inversiones financiadas debido al actual contexto geopolítico y sus consecuencias económicas y financieras.

Dejando a un lado la manoseada táctica de echar balones fuera y no asumir responsabilidades, el I Informe Hiscox de pymes y autónomos en España ya revelaba que sólo un 2,4% de todos los negocios españoles habían accedido a una de las convocatorias de los Fondos Next Generation –cifra que se reduce notablemente si nos centramos en los autónomos– y sólo un 10,3% los piensa solicitar. Estas cifras, lejos del optimismo de nuestro Gobierno, lo que consiguen demostrar es el escaso impacto que el dinero procedente de Bruselas está teniendo en la economía.

Desde la Confederación Española de Organizaciones Empresariales se identificaron como principales problemas de acceso a los fondos los siguientes:

  • La gran atomización de las iniciativas al existir muchas convocatorias y de muy poca cuantía económica, lo cual reduce su impacto transformador.
  • La necesidad de cumplir con elevadas exigencias y requisitos que impiden el acceso a los pequeños actores del tejido productivo.
  • La poca originalidad en las convocatorias que no se adaptan a las necesidades actuales de las empresas.
  • La falta de agilidad administrativa.
  • La gran centralización de las convocatorias que dificulta la adaptación a la realidad de cada territorio del país.
  • La falta de actualización del presupuesto de los proyectos en función de la inflación.

Como se puede observar, el escenario actual dista mucho de aquella laureada bienvenida, pero todo apunta a que ya tenemos culpable: Putin, la inflación y, por qué no, el cambio climático.

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