Ascega Hoy

Las dos coruñas de Inés Rey

Encastillada en su despacho y sobrevolando los barrios desde su coche oficial, trata de convencernos que todavía le queda cuerda para diez años

Se le llena la boca a la aún alcaldesa, Inés Rey, de su supuesto interés en la defensa de que todos los coruñeses sean iguales. Como casi todo en su discurso, no es más que un eslogan que choca con la tozuda realidad de los hechos. Y no solo con su ya conocida escasa querencia por el trabajo, que amenaza con convertir en reputados estajanovistas a personajes como su antecesor, Xulio Ferreiro.

Encastillada en su despacho de María Pita y sin tiempo más que para bajar a la plaza a fumar o a moverse en el coche oficial por el paseo marítimo, a Rey seguramente se le ha olvidado visitar los barrios.

Ya no se trata de que vaya a Os Mallos, donde negó por activa y por pasiva que hubiera problemas de okupación y/o delincuencia, cuando todo el vecindario coincide en que la situación es insostenible. Hasta socialistas con carné, como el histórico dirigente vecinal Salgado, o ya son él, como la exconcejala Pili Neira, se han dejado ver en manifestaciones pidiendo ayuda. Con nulo éxito, como casi siempre con la supuestamente dialogante Inés Rey.

Pero las afrentas no solo se producen con el trato personal (o la falta de él), sino también con el dinero que a todos los coruñeses nos sacan del bolsillo en mucha mayor cuantía que, por ejemplo, en Vigo.

Que se lo pregunten a los vecinos de Alcalde Marchesi, en Cuatro Caminos, entre la fuente y Ramón y Cajal. Además de quedarse sin decenas de plazas de aparcamiento y sin movilidad interior en las calles de la zona, llevan meses sufriendo unas obras infames para colocar una placa de hormigón que, para su disimulo, el Ayuntamiento pintarrajea de verde, como si fueran del Betis los vecinos.

Ese acabado chapucero, inédito en cualquier ciudad que aspire a ser líder de algo que no sea de la vergüenza ajena, contrasta con el lujoso acabado de la calle Compostela, con piedra noble de primera (por no hablar de las farolas) para que los que acuden a comprar a la joyería, a las tiendas de Zara o a las oficinas de la zona puedan lucir esplendorosos.

Porque en esa calle, a diferencia de Cuatro Caminos, apenas hay vecinos, claro. Lo que si hay es una oficina en la que trabajaba la alcaldesa hasta que pactó con la Marea Atlántica para mudarse a María Pita y demostrar que en su concepto de ciudad hay coruñeses de primera y de segunda. E incluso de tercera.

Por Susana Muñoz

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