Ascega Hoy

Feijóo nunca se moja

El maestro de la ambigüedad, el tipo capaz de guardar en el bolsillo de la chaqueta un discurso contrario al que leía mientras renunciaba a participar en las primarias de su partido, llegó al fin a Madrid, abrió el paraguas y ahí está, impoluto mientras el chaparrón empapa a todos los demás, a los que se mojan.

Alberto Núñez Feijóo ha disculpado su presencia en la manifestación que organiza la plataforma “Escuela Para Todos” el próximo domingo en Barcelona, donde la gente saldrá a la calle para que se aplique, nada menos, que una sentencia judicial firme.

El presidente del Partido Popular estará en Toledo, en una reunión de parlamentarios de su grupo. Los líderes de Vox y Ciudadanos estarán en la ciudad condal.

El pasado mes de enero el Tribunal Superior de Justicia declaró la firmeza de la sentencia que obliga a que el 25% de la enseñanza en Cataluña se imparta en castellano.

El fallo judicial llegó tras una demanda que aludía a la “inactividad” del gobierno catalán para aplicar la disposición adicional 38.4 de la Ley Orgánica de Educación (LOE), que establece el “derecho de los alumnos y alumnas a recibir las enseñanzas en ambas lenguas oficiales” en las comunidades autónomas que posean otra, además del castellano.

La sentencia constataba como “residual” el uso vehicular de ese idioma en los colegios catalanes y daba, en enero, dos meses para cumplirla.

Hace unos días, la Generalitat advirtió que iba a hacer oídos sordos al mandato judicial. Poco después, Feijóo se acercó hasta Tarragona para inventarse un concepto, “el constitucionalismo catalán”, que según él incluye “cordialidad lingüística”.

Todos esos palabros se deslizan bajo el paraguas bajo el que se tapa el expresidente gallego, el mismo que durante meses lo mismo negaba tener aspiraciones en política nacional (“Galicia, Galicia y Galicia”) que hacía guiños a Madrid o que igual apoyaba a Casado que demandaba giros políticos en el partido.

Las encuestas le sonríen, pero también le advierten de la posibilidad de pactos que pueden llegar desde su derecha o desde el nacionalismo, así que el estratega Feijóo se siente cómodo en la nebulosa.

Por más que las nubes traigan lluvia, como cuando negó un pacto con Vox en Castilla y León, luego se puso de perfil cuando se firmó y finalmente no encontró espacio en su agenda para acudir a la toma de posesión del Ejecutivo.

Quizás alguien debería advertirle de que para dar el salto de la oposición al gobierno, para vencer pero además convencer, es preciso mojarse.

Por Bárbara Rivas

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