Ascega Hoy

Prietas las filas

Las circunstancias van delimitando o potenciando los roles que asumimos en la vida.

En muchas ocasiones esas circunstancias son  un desfiladero por el que transitamos con un limitado margen de maniobra.

Nuestro hacer o elección acaban de dibujar ese espacio en donde razonablemente nos podemos mover.

En muchas ocasiones nos tienen preparada una confrontación no buscada y que no puedes esquivar.

Espadas al cielo. Duelo a vida o muerte. Solo sobrevive uno.

¡Que complejas pueden resultar las relaciones humanas!

En un mundo cada vez más igual,  diferenciamos sin embargo, el papel que tenemos que jugar cada uno y de donde no debemos pasar.

No esperamos lo mismo de un hijo que de nuestra pareja, como tampoco un subordinado respecto a un mandatario o viceversa.

Todo va bien hasta que equivocamos el papel que podemos jugar.

Cuando los márgenes de flexibilidad se sobrepasan surge el conflicto.

Los conflictos dentro de una familia suelen tender a minorarse pero fuera de ella es difícil ponerles coto.

En esa situación de tensión los roles de cada uno acaban marcando quien sobrevive en el proyecto, empresa o lo que sea.

A estas alturas ya da igual quien tiene la razón. El daño para una parte, o quizá las dos, es ya irreversible.

Un día te levantas y cambió tu sino … ese desfiladero, esas circunstancias,  porque ni somos tan libres ni tan fuertes.

Hay que estar preparado para todo y aceptar que todos somos prescindibles.

Este tipo de duelos son carnaza de muchos relatos y tras las versiones públicas mas o menos certeras se abre una brecha. La dignidad personal hace el resto.

La memoria de cada uno de nosotros esta llena de episodios similares.

Es parte de nuestra naturaleza y no deja de ser una pena.

Como siempre, de todo, se sacan enseñanzas para el que las quiera coger:

No tensemos las costuras si es que queremos hacer el camino juntos, claro que,  lo segundo,  puede ser la pregunta.

¡Non si!

Por Javier de la Fuente Lago

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