Ascega Hoy

Los ventajistas y quien carece de dignidad se utilizan recíprocamente

Uno para mantenerse, los otros para ir arañando la Constitución hasta despedazarla

Sería osadía por mi parte afirmar que España está enferma, porque se trataría del diagnóstico de un Juan Español que vota cuando se lo piden y, a partir de ahí, tiene que limitarse a contemplar el panorama. Sin embargo, desde esta columna tengo el privilegio de poder decir por qué me duele ver el deterioro, día a día, de España.

Por un lado están determinadas normas aprobadas, o pendientes de aprobar, que chocan con el sentido común  y con el respeto a personas e instituciones.

La posibilidad de que una adolescente de 16 años aborte sin que quien ejerce la patria potestad sobre ella –con las consiguientes obligaciones de velar por su seguridad, procurar su sostenimiento material y educación- tenga la posibilidad de, al menos, expresar su opinión, me parece un despropósito. Naturalmente, la adolescente continuará dependiendo de sus padres y el hecho podrá repetirse.

La ley del eslogan “sólo sí es sí” parece un atentado contra la juridicidad, porque pone a la otra parte en situación de indefensión. ¿Cómo se comprueba el consentimiento?; no caeré en las bromas que el tema está suscitando, porque el asunto es grave.

La libertad de expresión es el derecho fundamental  a expresar ideas libremente, por cualquier medio, aunque en algunos ámbitos sólo agrada escuchar lo que marca la línea dominante. Pues, bien, con esta frase comienza la exposición de motivos de la proposición de ley para despenalizar las injurias a la Corona y los ultrajes a España y a sus símbolos o emblemas –la despenalización incluye a las comunidades autónomas. Es decir, cuando se apruebe, no será delito ciscarse en la bandera de España, en la Constitución y en la partitura del himno nacional, quemarlos o patearlos. Como si un hijo se ciscara en sus progenitores o los vilipendiara, porque la Constitución, la bandera de España y su himno son los símbolos que representan a la Nación, a todos los españoles, incluidos a los que se ciscan en su madre.

Se ha perdido el respeto a las sentencias, a quienes las dictan y a los destinatarios de ellas. La Generalitat de Cataluña incumple sistemáticamente las resoluciones judiciales y aquí no pasa nada. Siguen con el compadreo de la mesa de negociación y la modificación de no se qué norma, para saltarse a la torera el cumplimiento,… y los niños, los padres,  y todos los españoles, despreciados.

Tampoco el CNI ha sido respetado, pese a haber investigado con autorización judicial; y lo hizo, porque quienes delinquieron y fueron condenados por sentencia firme repiten machaconamente que volverán a cometer el mismo delito. Es más, han llegado a tener la desfachatez de decir “que esto no se vuelva a repetir” –naturalmente se referían a las investigaciones, no al delito que cometieron.

Varios partidos políticos presentan un recurso legal contra los indultos, se admite, y “los espiados” ponen el grito en el cielo porque la judicatura española, dicen, está politizada.

Termino la relación con la actuación del Presidente del Gobierno, irresponsable y propia de un autócrata, de decidir sobre un tema tan sensible como el de los territorios del Sahara, sin contar con los grupos parlamentarios, sin plantearlo en el Gobierno ni en Las Cortes, con la gravedad añadida de que se trata de un cambio de criterio radical. Por otra parte, el análisis gramatical de la carta que dirigió al Rey de Marruecos suscita múltiples preguntas.

Son decisiones  de un Gobierno legítimo, apoyado por una mayoría parlamentaria constitucional, que sólo se explican por el interés de uno en mantenerse en el Gobierno, y el de otros por ir arañando la Constitución hasta herirla de muerte. Uno no tiene dignidad, los otros se aprovechan de quien carece de principios.

Por Alfonso García López

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