Ascega Hoy

           Aprender a vivir con la tormenta

 

Muchas empresas están pasando unos peligrosos años. Esta sacudida económica está siendo especialmente intensa y desigual entre sectores económicos. La mayoría han consumido ya sus reservas y cuentan ya con poco margen para esquivar esta tormenta sin daños importantes.

Las noches en vela y los sueños frustrados son mucho más frecuentes de lo normal, y  a pesar de todo, una y otra vez,  evalúan lo sucedido, aprenden de la experiencia y se levantan de nuevo.

El miedo siempre fue el resorte que nos hizo, a los humanos, prepararnos para sobrevivir como especie. La evolución ha sido siempre así, factores negativos que obligaron a sucesivas adaptaciones. Esta ocasión no debe ser diferente.

No debemos olvidarnos que los periodos de prosperidad general suelen ser efímeros, de ahí la importancia de nuestra capacidad individual de flexibilidad y anticipación.

En momentos como estos nos hacemos mejores y reflexionamos sobre todos aquellos planes de contingencia individuales que no aplicamos cuando podíamos.

El pasado ya no vuelve, por eso ya no conviene flagelarnos con lo que pudo ser y si focalizar nuestra atención en lo que aún podemos hacer.

Quizá la soberbia no nos permita verbalizar con claridad la suerte de estar en el paraguas de la Comunidad Europea y de vivir en un Estado con altas coberturas. Sino,  estaríamos narrando un verdadero drama generalizado.

A todos nos toca aprender a vivir con la tormenta, y no veo que haya muchos que vivan de ella. Así,  que ante este empobrecimiento generalizado podemos arrugarnos,  o coger el mando de nuestras vidas retocando las prioridades.

Creo que aún tenemos margen para encajar el golpe y de paso sería deseable aspirar a que como individuos cada uno aceptemos conscientemente esta nueva situación, que probablemente será duradera.

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