Ascega Hoy

Ni sustos ni sobresaltos

Precios dinámicos, les llaman ahora. Que genial eufemismo para disimular lo que bien podría denominarse, y más justo sería, «atraco a mano a armada», «te cobro lo que me da la gana» o «pasa por el aro que no te queda otra».

Pero no. Queda mucho más fino y digerible llamarles precios dinámicos.

Pero es que, además, los precios dinámicos no cumplen las leyes de la dinámica. Un principio fundamental, que recuerdo desde niño, es que «todo lo que sube, baja». Excepto los precios dinámicos, que solo tienen una dirección: la de ascenso.

No deja de ser curioso y muy triste a la vez.

El caso es que desde que se ha impuesto esta absurda dinámica de los precios dinámicos nos topamos con situaciones en las que uno ni siquiera puede dar un presupuesto, porque corre el riesgo de que cuando vaya a realizarse la operación, el precio ofrecido sea imposible de mantener. Hasta ese punto hemos llegado. Y para quienes nos movemos en el mercado libre resulta por completo inasumible.

Aún siendo, personalmente, de condición liberal, reconozco que hay una serie de precios (los de los productos y servicios básicos para desarrollar una actividad mercantil) que tienen que estar regulado, limitados y tarifados de forma permanente.

Ni los ciudadanos ni las empresas podemos estar sujetos al sobresalto que cada mes nos provoca la llegada de determinadas facturas, cuyo importe nos resulta imposible de prever.

Y no me digan que es que es imposible regular el mercado eléctrico, el de los combustibles o el de las comunicaciones. Porque en otros ámbitos se ha hecho. Hoy,  nadie que se conecte a internet o realice una llamada por teléfono va a tener ahora una tarifa distinta a la de dentro de seis horas. Yo me conecto, sea a la hora que sea, y voy a pagar un precio, que siempre será el mismo y que previamente sé cual es.

Pero ¡si hasta hemos sido capaces de eliminar el roaming y hoy cuesta lo mismo llamar a Portonovo que a Bruselas! ¿Cómo no voy a ser capaz de saber cuánto voy a pagar de luz o hasta dónde llegará el precio de la gasolina o del butano la semana que viene? Pues no lo sé. Nadie lo sabe. Solo hay una certeza: subirá, seguro.

Anda estos días el presidente del Gobierno de gira por Europa, según proclama, buscando fórmulas que permitan desvincular el precio del gas y el de la energía eléctrica. Aunque son evidentes mis diferencias con Sánchez, en esta cuestión no puedo estar más de acuerdo. Y aplaudiré si lo consigue. Porque, insisto, no podemos seguir a expensas de una variabilidad tal en los precios que desajuste hasta límites inasumibles las economías domésticas y empresariales.

Yo, como empresario, tengo que saber cuanto voy a pagar, entre otras cosas para saber también cuanto tengo que cobrar a mis clientes. La planificación es uno de los puntales básicos de la viabilidad empresarial. Y se la están cargando. Con el riesgo de que detrás de ella vayamos los demás.

Por José Luís Vilanova 

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