Ascega Hoy

Talante, talante y talante

Zapatero popularizó la expresión “talante, talante y talante”, cuando el talante, sin un adjetivo que lo concrete, es como no decir nada, carece de sentido. Hoy, todavía, no sabemos cómo era el talante –la actitud– que había preconizado Zapatero. Por cierto, la Ministra de Economía decía estos días que hay que “topar el precio de la electricidad”; miren, por favor, en el DRAE el significado de topar y se llevarán una sorpresa. Frase Para unir a la “diplomacia de precisión” de Montero y a otros términos hueros de contenido, muy habituales entre quienes nos gobiernan.

Perdonen, me estoy yendo por las ramas; de lo que quiero hablar hoy es de la tolerancia, del talante tolerante -¿será eso, señor Zapatero? Tolerancia significa respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás, cuando son diferentes o contrarias a las nuestras.

Añadiría que esas ideas, creencias o prácticas diferentes o contrarias a las nuestras, ante las que debemos adoptar una actitud tolerante, deben reunir otra condición: encontrarse dentro del marco de la ley, pues, de no ser así, el que tolera puede convertirse en cómplice, encubridor o consentidor de quien actúa en contra de aquella.

Quien tolera y respeta, no significa que consienta o comparta. Naturalmente, para que nadie confunda tolerancia con consentimiento o aceptación, debería manifestarlo.
La tolerancia nunca puede ser una dádiva, un favor, un beneficio que concedo a aquél con quien estoy en desacuerdo: la tolerancia es una obligación moral y social, además de una condición propia de la democracia y de la libertad, porque resulta básica para la convivencia.

En consecuencia la actitud tolerante debería estar presente en todos los debates, políticos, religiosos, económicos, sociales, familiares o en los medios de comunicación.

Para facilitar ese respeto que es consustancial con la democracia, resultará de gran ayuda hacer un esfuerzo de empatía que nos permita comprender, no digo aceptar, la postura ajena..

La tolerancia debería ir unida a una cierta mesura, prudencia y hasta elegancia, cuando se debate con quien sabemos que tiene ideas opuestas o distintas.

La disposición a la tolerancia debe ponerse de manifiesto a través del diálogo, claro, abierto, razonado, sin aspereza ni resentimiento –porque se pueden defender posiciones diferentes sin insultos-, sin exclusiones ni imposiciones.

Un Estado moderno se basa en la tolerancia, que permite la coexistencia pacífica de diversas sensibilidades políticas, religiosas e ideológicas.

Esta frase del Talmud, además de hermosa, tiene un profundo sentido práctico: “Se flexible como un junto y tieso como un ciprés”, porque tolerar no significa claudicar o renunciar a nuestros principios.

También es muy claro el principio ético “Trata a los demás como querrías que te trataran a ti”. Ambos son, en su sencillez, un programa de vida; utópico, tal vez, para algunos, pero a cuya consecución merece la pena aspirar.

Por Alfonso García López

scroll to top