Ascega Hoy

Cuánta razón tenía mi abuelo

La dimensión que está cogiendo el problema del encarecimiento de la energía en este país nos encamina al colapso económico y al riesgo de revuelta social.

Ya llevamos demasiado observando su evolución y lo cierto es que el mercado puede mostrarse irracional más tiempo de lo que podemos permanecer solventes.

No es nuevo el reconocer que como país llevamos muchos años sin afrontar los problemas estructurales que tenemos, y periódicamente nos vemos en situación límite por ello.

En tiempos de nuestros abuelos era habitual  “guardar en las risas para los lloros” o el “plantar patatas por si acaso”. Lejos queda ya aquella época en la que cada familia tenía que buscar sus fórmulas de autoprotección.

Hoy esa protección nos la da el Estado propiciada por sus Gobiernos. Por eso que son nuestros gobernantes quienes tienen que utilizar todas sus armas, que las tienen, para reconducir este despropósito.

¿Es inteligente recaudar tanto de lo necesario en una situación límite?

¿Podemos renunciar temporalmente a parte de esa recaudación de impuestos sobre la energía?

¿Debemos reconsiderar la energía nuclear?

Muchas empresas están abocadas a la paralización, transportistas y agricultores en pérdidas, asalariados con problemas para llegar a fin de mes, y un sin fin de damnificados.

Hoy ya se palpa la pobreza energética en la mayoría de las familias.

Por eso ya me tarda que un gobierno socialdemócrata no haya sacrificado aún el grueso de los impuestos indirectos que recauda con la energía para equilibrar la balanza.

Me parece que prima la tentación de seguir amarrados un día más al modelo que les cuadra las cuentas a costa de toda una población, en lugar de afrontar de una vez, junto a la reforma fiscal, un replanteamiento y racionalización del Gasto Público.

La desmedida crecida en la subida de recaudación de los impuestos indirectos, aparte de dañar a las rentas más bajas, solo conseguirá dañar a la economía y reducir los ingresos fiscales por Renta y Sociedades.

El mundo ha cambiado y debemos adaptarnos. El reto es cambiar sin romperlo todo, es probable que ni Europa nos sirva ya de única referencia.

Solo espero que no tengamos que recurrir al “ Cuanta razón tenía mi abuelo”

El problema es descomunal y solo puedo desear lucidez y mucha suerte a los que tienen que tomar las decisiones. ¡El momento es ahora!

Alguien puede pensar que planteo soluciones simples a problemas complejos, pero es que el “vuelva usted mañana” ya nos trajo hasta aquí.

Si esperamos a que arreglen lo importante antes que lo inmediato, me temo que nos quedaremos sin lo uno y lo otro,  una vez más.

Por Javier de la Fuente Lago

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