Ascega Hoy

 A la memoria de nuestros abuelos o reinterpretando “el desastre del 98”

Podría ser el argumento de una película de éxito, aunque se enfrentaría a las críticas por poco creíble.

La realidad es que hablamos de un episodio histórico, en el que España fue agredida y los Estados Unidos ejerció de matón bajo la consigna;  ”lo hago porque quiero y porque puedo”, como tantas veces ocurrió después en diferentes partes del planeta.

Eran los últimos años del siglo XIX y España todavía mantenía parte de su imperio en América y en el Pacífico. Como sucediera en otras colonias, los locales de cuba se levantaron contra la metrópoli. Al mismo tiempo, los dos grandes imperios mediáticos estadounidenses comenzaban una  campaña contra España, espoleados por las industrias anunciantes con intereses en Cuba, la “joya” del Caribe.

Comenzaron entonces las acusaciones de que los españoles cometían atrocidades contra la población cubana (que en realidad era España), y la presión para que el Presidente americano declarase la guerra a España y “ayudasen a la población local».

Presidía por entonces el republicano William McKinley, 25 presidente de los EEUU, que en 1901 debía presentarse a las nuevas elecciones presidenciales.

 

Los análisis no fueron muy diferentes a como serían hoy: la popularidad de McKinley caía contra la campaña mediática y la decisión se precipitó: guerra contra España, un Pais del otro lado del atlántico y del tamaño de solo un estado norteamericano.

Las fuerzas españolas llegarían exhaustas al Caribe, además de ser muy inferiores a las norteamericanas. Solo faltaba una escusa clara, pues sino,  EEUU se inmiscuiría en un asunto interno de otro país.

Hemos aprendido en los cines,  la falta de decencia de los japoneses en Pearl Harbor, en la II guerra Mundial, pero somos olvidadizos para recordar,  que los EEUU volaron por los aires su acorazado “Maine”, para argumentar un ataque de los españoles, que reclamaba una respuesta.

Dicho y hecho: declaración de guerra a España en 1898, que-como era previsible- acaba con victoria norteamericana. Una encerrona diplomática sellaba en París la paz, cediendo España: Cuba, Puerto Rico, las filipinas y Guam (en el pacífico norte). Pocos saben que esa victoria estuvo a punto de no producirse.

Efectivamente, un tal Isaac Peral acababa de inventar el submarino, un arma que la tecnología americana no tenía.

Las autoridades españolas no acabaron de confiar en el submarino, o bien en la capacidad de producción necesaria para hacerle participar en esta cita.

No resulta muy útil, pero nos sorprende el pensar cómo le hubiera ido a España si el submarino de Peral hubiera tenido éxito.

Además de ganar esta guerra, España habría sido potencia Naval durante la I guerra mundial, y difícilmente hubiera podido ser neutral. Además, las grandes batallas de la guerra civil se habrían trasladado al mar y de nuevo-en la II guerra Mundial- España habría tenido protagonismo.

Los que somos gallegos, no podemos dejar de imaginar una gran batalla naval en el golfo Ártabro, lugar de fabricación y abastecimiento de buques de guerra. Winston Churchill encargó una misión secreta durante la II guerra Mundial -según documentación descatalogada-, para minar la entrada de submarinos al puerto de Ferrol. Finalmente no lo hizo porque eso,  provocaría la decisión de Franco de entrar en guerra, del lado alemán.

Cuesta pensar que –en el fondo, los EEUU-con su papel ”abusón”, nos hizo un favor a finales del siglo XIX.

Aunque no deberíamos olvidar la falacia y mentiras que guiaron a EEUU en ese episodio histórico.

Queda para la memoria el destacado papel de nuestro almirante Cervera, cuyo comportamiento en batalla mereció las alabanzas de los propios medios de comunicación americanos (los mismos que habían llevado a cabo la campaña pro guerra contra España, basada en fake news).

Respecto de las elecciones presidenciales americanas de 1901, La historia nos dice que William McKinley no renovó su cargo, aunque el motivo no fue el recuento electoral, sino que el XXV presidente de los EEUU murió asesinado en un magnicidio.

Por Javier Rguez-Losada. Español con memoria
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