Ascega Hoy

Manolo. ¡Salud y República!

«Muere por sobredosis de buena vida»

 

Murió mi cuñado Manolo, y su despedida merece que sea reconocida.

Manolo murió de manera sorpresiva e inesperada. También de forma adelantada, a mi juicio, pues no llegaba a los setenta, y se encontraba fuerte.

De carácter siempre animado, Manolo era la salsa de cualquier reunión, con una personalidad única y singular, a pesar de ser celtista, yo coincidía en muchas cosas con él, y en especial, en su acidez hacia nuestros dirigentes públicos.

A Manolo lo despedimos en el tanatorio, cubierto con la bandera de la República ,según sus ideas, y  la de Galicia.

En el cementerio de Cela, en Cambre, ni una oración (él no era religioso).

Y el respetuoso silencio solo se rompió cuando su viuda abrió una botella de Mencía para un último brindis.

Familia y amigos brindamos en su recuerdo, en uno de los entierros más agradables al que yo haya asistido.

Días después, otro cuñado, Domingo, visitaba la casa de Manolo con un grupo de amigos de ambos, para dar cuenta de la colección de magníficas botellas de licor y puros que Manolo dejó sin consumir.

Me imagino perfectamente a Manolo en ese momento, sonriente y agradecido de que sus amigos le recordasen.

Manolo se fue de forma precipitada e inesperada, pero, como dijo su hijo Ramiro en el cementerio, su muerte no podía hacer que no le recordásemos con alegría, pues así había vivido, hasta el punto de que había muerto de “sobredosis de buena vida”.

Me gustó la despedida de mi cuñado Manolo, y espero que en mi convivencia con él, se me haya pegado alguna de sus virtudes y buen humor.

Desde luego,  Manolo siempre estará en espíritu,  en cada brindis familiar.

Y Hasta que nos volvamos a ver; Descansa en Paz, Manolo.

Espero que, cuando llegue mi turno, mi entorno me despida con la alegría que te dedicamos a ti.

Dedico este artículo a mi cuñado Domingo, para que no permita que nos invada la tristeza por la ausencia de Manolo, y ejerza de líder emocional familiar, según le corresponde por antigüedad.
Por Javier Rodríguez Losada. Cuñado
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