Ascega Hoy

España está crispada, rota, y las partes reñidas entre sí

Durante el año que termina hemos criticado a la mayoría parlamentaria de Gobierno y a la oposición… pero ¿Cómo nos hemos comportado los españolitos disconformes con unos y/o con otros?

Hemos soportado con la resignada paciencia de Job las consecuencias de la pandemia, salvo los irresponsables, egoístas y negacionistas que desprecian el concepto de interés público y desean una Constitución con un artículo único: ”Cada español puede hacer lo que le de la gana.”

Los españoles estamos divididos en dos facciones aparentemente irreconciliables, incapaces de aunar fuerzas, que viven de golpes de mano, expresión de nuestro tradicional individualismo. Basta mirar hacia atrás y recordar la historia, para darse cuenta de que estamos haciendo lo necesario para arruinar el Estado.

Y los españolitos que hemos dejado atrás la infancia, no sólo los políticos, somos responsables en gran parte de este ambiente crispado, tenso, resentido y ácido, con nuestra actitud de cada día.

Con frecuencia decimos “yo no sé de política”, “ese asunto es cosa de ellos”, y lo dejamos en sus manos de forma irresponsable, sin detenernos a analizar el hecho y sacar conclusiones sobre las alternativas posibles, las soluciones dadas en otros países y la verdad o mentira que encierran las promesas que escuchamos.

Y cuando nos decidimos a analizar una situación, ya sea en familia, con compañeros o amigos, oímos, pero no escuchamos, las opiniones de los demás y basamos la fuerza de nuestro argumento en exponerlo en tono altisonante, aunque nadie lo oiga.

Reparamos más en la imagen que en las palabras: miramos mucho –no digo vemos- y leemos poco. Lo he constatado en muchas ocasiones cuando divulgo estos artículos a través de las redes sociales: son muchos los que insultan a los que aparecen en la foto, sin detenerse a leer el artículo. Las imágenes de determinados políticos generan anatemas, con solo verlos.

¡Qué se puede decir de algunas redes sociales y de las aplicaciones de mensajería!, que, con más frecuencia de la deseable, se convierten en hilos conductores de falsedades –generalmente muy elaboradas y apariencia de verdad-, insultos o provocaciones, propios de ambientes marginales y delictivos. Y colaboramos en su difusión con la función “reenviar”, el “me gusta”, o cualquier emoticono. Este comportamiento es negligente, irresponsable y dañino para la convivencia, porque colabora en el aumento de la agresividad social, en la descalificación de aquellos que piensan de manera diferente, y, en definitiva, en el mantenimiento de las dos Españas irreconciliables.

Con frecuencia, estas opiniones se propalan en forma de chiste o imagen despectiva hacia alguien, sin detenernos a pensar que estamos colaborando en aumentar la crispación, el resentimiento, el enfrentamiento.

No podemos olvidar las tertulias de radio y televisión. Algunos medio son claramente de una orientación concreta; más que noticias dan “opinión oficial” sobre un tema determinado, eluden información de forma interesada o, lo que es peor, la presentan parcialmente o de forma sesgada. Todos los contertulios son de la misma cuerda, aunque en ocasiones añadan alguno que desentone, con el fin de dar una mejor imagen a algunos oyentes. Cuando el contraste de pareceres es real, son habituales los solapamientos de unas opiniones sobre otras o la elevación del tono, sin que el oyente pueda saber realmente lo que dicen unos y otros: todos quieren imponer su idea.

Nunca deberíamos acostumbrarnos a contemplar esta situación como algo normal; sería saludable buscar la aproximación en temas de Estado muy concretos, pero ¿Dónde están los hombres?

Por Alfonso García López

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