Ascega Hoy

Cuando la dignidad se pierde, nada queda

Pierdes la dignidad cuando permites que te hablen sin respeto, que te comparen, te humillen, se burlen de ti, o cuando consientes y permites conductas por parte de otros que son contrarias a tus valores.

Lo último que una persona puede perder es su dignidad. Y lo último con lo que podemos jugar las personas es con la dignidad de otros. Esta es sagrada. La dignidad se define como “la cualidad del que se hace valer como persona, se comporta con responsabilidad, libertad, seriedad y con respeto hacia sí mismo y hacia los demás, y no deja que lo humillen ni degraden”.

Todos y todas nacemos con dignidad. No se compra, no se gana, no te la conceden. Sencillamente, la tienes. Es tuya. En parte somos responsables de perderla o de permitir que otros nos la degraden.

La mentira es una parte de esa dignidad perdida y si esa mentira afecta a millones de ciudadanos pueden suceder dos cosas: que quienes no reconocen la mentira son colaboradores de ella y a la vez participan de las consecuencias que resulten o bien que reaccionen y trabajen para hacer prevalecer la verdad.

Esto está sucediendo en nuestro país, aún llamado España, no solo se altera la historia tratando de convertir lo blanco en negro, sino que también se oculta,  poniendo limites al tiempo y tratando de convertir lo que hemos significado en todos los confines del mundo.

Sólo reconozco una verdad y un pronóstico acertado en estos últimos meses por parte de este Gobierno (hablo de este ya que es el que toca) su anuncio realizado hace un año en el que aseguraba que más del 80 % de los ciudadanos estaríamos vacunados en el 2021. Claro está que en ese acierto y en ese cumplimiento han tenido un protagonismo relevante las Comunidades Autónomas a pesar de las dificultades que se establecían.

“Hemos vencido al virus”, “podemos salir a consumir”, “la mascarilla fuera para que se observe la sonrisa”, “el precio de la luz al finalizar el año será igual que en 2018” “cinco veces se lo repito: no pactaremos con Bildu” ,“los españoles no dormirían tranquilos con Podemos en el Gobierno”.

Llenaría mi escrito con frases similares. Muchas de ellas no las critico por no haberlas cumplido lo hago por lo que de mentira tienen, sabiendo de antemano que no se podrían cumplir y en caso de no saberlo,  existe algo que un presidente de gobierno debe tener. Se llama PRUDENCIA.

La mentira se ha convertido ya en algo consustancial entre TODA la clase política tratando de confundirnos y desorientando a las nuevas generaciones con un sectario adoctrinamiento que causa sonrojo a los que ya tenemos años y hemos vivido y leído algo.

Es una ofensa a nuestra inteligencia el tratar de hacerlo, la última de estos días se refiere al consistorio regentado por Ada Colau que ha publicado un tuit en el que afirmaba que Francesc Macià, presidente de la Generalitat, entre 1931 y 1933, fue fusilado. Macià, tal y como recogen los libros de historia, no murió fusilado sino por causas naturales, concretamente por una apendicitis, en su casa el 25 de diciembre de 1933.

Por favor recuperen la Dignidad y no mientan más. La historia no perdona y siempre estará presente aunque pretendan ocultarla.

 

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