Ascega Hoy

Hasta aquí hemos llegado (segunda parte)

Empezaremos a confiar en nuestros políticos cuando veamos sentarse a los representantes del Gobierno del Estado, de la Xunta de Galicia, de la Diputación Provincial y de los ayuntamientos para unir fuerzas y recursos y resolver problemas básicos como la garantía de movilidad de las personas.

 

La Coruña es una ciudad que, desde 2002, puede afirmar que tiene una deuda histórica. La decisión de trasladar a Santiago la capital de Galicia tuvo, tiene y tendrá graves repercusiones para el eje Ártabro, frenando su desarrollo económico, poblacional y administrativo. En consecuencia, parece lógico pensar que esta lesiva decisión, tomada hace 20 años, ha de ser tenida en cuenta en la confección de los presupuestos que destinan las diferentes administraciones públicas a un área geográfica que abarca medio millón de habitantes, para tratar de compensar los efectos adversos del traslado de la capital. Por desgracia, nada más lejos de la realidad. Durante muchos años, la Diputación Provincial ha estado ausente de la ciudad por incomparecencia, la Xunta de Galicia presume de pasarela peatonal en la avenida de Baños de Arteixo y de invertir, por fin, en remodelar el hospital coruñés después de que otras ciudades gallegas cuenten con hospital nuevo hace años y, el Gobierno del Estado, simplemente, ni está ni se le espera, ya que en la actualidad solamente podemos ver un discutible, desde el punto de vista medioambiental, proyecto de dragado de la Ría de O Burgo. No se trata de un enfoque localista casposo y trasnochado. Es la sencilla realidad de una zona que aporta cada año muchos ingresos a la hacienda pública, la quinta de España en ingresos tributarios según la AEAT, pero que durante demasiado tiempo no ha recibido el trato que se merece por parte de los presupuestos e inversiones que elaboran las diferentes administraciones públicas.
Vamos por partes:
CONEXIONES FERROVIARIAS
En los presupuestos generales del Estado no se contempla resolver la necesidad básica de conexión ferroviaria eficiente entre La Coruña y Ferrol. En la actualidad, entre la ciudad herculina y la departamental, se tarda media hora en recorrer el trayecto en coche y casi hora y media en hacerlo en un tren más propio del Siglo XIX. El eje Ártabro necesita esta infraestructura de forma urgente para trazar las sinergias empresariales y fijar población a lo largo de todo el trazado. No se puede seguir esperando otros 20 años para resolver esta necesidad.


Por otro lado, si se aborda esta solución para asegurar una conexión ferroviaria rápida y frecuente con Ferrolterra, también se puede potenciar un servicio de cercanías que preste un servicio eficiente y que permita a los ciudadanos de los ayuntamientos metropolitanos que recorre ese eje ferroviario dejar su vehículo particular en su domicilio y utilizar este transporte público. Galicia, y también el eje Ártabro, convive con una gran dispersión de población que afecta de forma importante a la movilidad. Esto provoca que los diferentes sistemas de transporte público tengan la frecuencia suficiente para satisfacer las necesidades de los usuarios, lo que obliga a articular soluciones eficientes como puede ser un sistema de tren de cercanías que permita dejar el vehículo particular en los aparcamientos gratuitos de las estaciones disponibles a lo largo del recorrido y llegar en poco tiempo y de manera frecuente a su destino. Un claro ejemplo lo tenemos en la línea de tren que conecta La Coruña, Santiago y Vigo. ¿Cuántas personas viajaban en su vehículo particular a Santiago antes de que se pusieran en marcha las nuevas líneas con más frecuencias y cuántas lo hacen ahora? La respuesta es sencilla: es la segunda conexión ferroviaria de media distancia más utilizada con más de 6.600 pasajeros diarios. ¿Cuál es el secreto del éxito? Se llega antes a Santiago en tren que en coche, es más seguro, es más cómodo y es más barato. Entonces, ¿por qué hay ciudadanos de segunda en el eje Ártabro que no pueden disfrutar de este servicio público y están condenados a usar un tren lento, caro y con pocas frecuencias? Es lamentable escuchar a los políticos hablar de movilidad sostenible mientras son incapaces de unirse entre ellos para resolver las verdaderas necesidades de los administrados. Empezaremos a confiar en nuestros políticos cuando veamos sentarse a los representantes del Gobierno del Estado, de la Xunta de Galicia, de la Diputación Provincial y de los ayuntamientos para unir fuerzas y recursos y resolver problemas básicos como la garantía de movilidad de las personas.

Otra cuestión que preocupa es la conexión ferroviaria al puerto exterior de Punta Langosteira. Sin tren no hay puerto exterior. Es sencillo de entender. Sin tren no se puede trasladar la actividad que se realiza en la actualidad en San Diego para poder llevarla a cabo con mayor seguridad y no se puede desarrollar el amplio abanico de actividades económicas que dependen de una conexión ferroviaria. De nuevo, los políticos llevan mareando la perdiz durante años e incluso se han hecho «grandes cumbres» multilaterales en el Palacio de María Pita para terminar alumbrando un «ratón». Parece que, por fin, se ha llegado a un acuerdo, pero se ciernen negros nubarrones sobre esta conexión estratégica porque los retrasos acumulados están poniendo en peligro el plazo de ejecución y, por ende, el cumplimiento de los requisitos de los fondos Next Generation. Los expertos calculan que entre la firma del convenio de colaboración entre las administraciones implicadas, la licitación del proyecto, la adjudicación de la obra y la construcción de la infraestructura ferroviaria pasarán al menos cinco años. En consecuencia, si el plazo de ejecución se ha fijado en agosto de 2026, significa que hay que arrancar todo el proceso en marzo del próximo año para cumplir este plazo. Y la pregunta que nos viene a la cabeza es: ¿a qué esperan las administraciones públicas a firmar el convenio de colaboración necesario para dar el pistoletazo de salida? ¿Seguirán mareando la perdiz y retrasando una infraestructura ferroviaria vital para el desarrollo económico de Galicia y para generar empleo que permita combatir las escandalosas cifras de paro juvenil?


Es obvio que necesitamos mejorar las conexiones ferroviarias, pero también lo es que esos trenes tienen que llegar a una Estación Intermodal inexistente en nuestra ciudad. Da gusto ver cómo Vigo y Santiago ya disponen de estaciones amplias, modernas y que garantizan realmente la intermodalidad. El pasajero necesita llegar a una estación moderna, multifuncional y que le permita elegir el mejor sistema de transporte interno (bus urbano, metropolitano, taxi, vehículo particular, bicicleta, patinete eléctrico,…) para llegar a su domicilio. Por desgracia, y para variar, en La Coruña solo tenemos un «proyecto» porque durante años se produjeron enfrentamientos entre un Gobierno municipal de La Marea empeñado en alcanzar el gran logro de reducir una planta del parking de la nueva estación de tren y los Gobiernos del Estado que tampoco tenían mucha prisa en hacer realidad esta Estación Intermodal. Como siempre, seremos los últimos de la fila por méritos propios y desidia ajena.
Finalizamos ya este capítulo de conexiones ferroviarias no sin antes mencionar a la joya de la corona: el AVE. ¿Ha llegado el AVE a Galicia? Podemos afirmar que ha llegado a Ourense, pero no ha llegado a Santiago, ni a Vigo, ni a Lugo, ni a La Coruña (y por supuesto no ha llegado ni llegará en mucho tiempo a Ferrol, que como hemos comentado está en lista de espera para lograr un tren «normal»).

¿Pero cuál es el problema? Que al llegar a Galicia se cambia el ancho de vía y no valen los trenes que llegan de Madrid. Pero ¿eso no se sabía? Por supuesto que se sabía, pero es mejor seguir mareando la perdiz, acumulando retrasos y teniendo nuevas oportunidades para que los que nos desgobiernan puedan sacarse otra foto inaugurando el AVE gallego. No hay problema, el primer AVE entró en funcionamiento en 1992 y conectó Madrid-Sevilla, pero La Coruña puede seguir esperando a que pase el tren de alta velocidad de verdad, el que nos conecte con Madrid en tres horas.
De la lectura del resumen de las infraestructuras viarias no se puede concluir que La Coruña haya podido saldar su deuda histórica, más bien todo lo contrario.
En el siguiente capítulo continuaremos desgranando más argumentos para demostrar por qué estamos hartos de promesas y huérfanos de realidades.

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